lunes, 22 de agosto de 2016

OPINOMETRO

EL DEPORTE COMO LA CENICIENTA

Después de Río quedan lágrimas  de alegría  y  de tristeza, quedan los buenos y malos balances de los deportistas, los buenos y malos  cálculos  de apoderados, directores y administrativos; padres, entrenadores, familiares y amigos que han dado todo para llevar a un deportista para que participe en unas justas deportivas.  Queda ese recuento positivo de los gobiernos que abrazan y atesoran el deporte como una disciplina que engrana y aceita la sociedad; o ese computo negativo de estos gobiernos que entran en sus programas electorales el deporte y lo ponen como eje trasversal de una campaña y que llegado el día de gobernar el deporte pasa a un segundo plano como la cenicienta.
Esta mañana abro la prensa digital y observo en el diario público.es el titular: Siete oros, cuatro platas, seis bronces y 38 diplomas contestan a la decidía de las autoridades.  En el subtítulo: El deporte español firma su mejor actuación olímpica después de Barcelona 92. Las grandes bazas no fallaron y se descubrió una hornada de talentos emergentes que ya miran Tokio 2020. Y todo pese a los recortes de fondos, los exilios y la falta de apoyo institucional.
La semana anterior visité el alcalde municipal para que interviniera en la escuela deportiva porque no podemos pagar los casi quinientos euros que cuesta la matrícula y la mensualidad de la escuela de fútbol.  Los semilleros, los sucesores de Messi y Ronaldo; los que en un futuro podrían ser glorias del deporte  ven sus padres avocados a pedirle al señor alcalde que por favor intervenga. Los elevados costos en las escuelas deportivas son extremadamente exagerados comparados con otros pueblos donde las matrículas y pensiones son simbólicas, y en otros la gratuidad.
El deporte como bandera, y a la hora de sacar pecho, todos.  Pero la verdad sea dicha que el día de incentivar o apoyar un deportista los recursos no aparecen y si se dan son precarios, o no se pueden dar porque no están en el presupuesto.
“tome para el autobús”.
Leía con atención una nota sobre un deportista que se acostaba con hambre y se levantaba con hambre porque el dinero que ganaba su padre en la empresa no alcanzaba para más.  Y haciendo un paralelo simétrico de dos mundos encontrados podría decir que en algunas partes los gobiernos apoyan más que en otras y que la familia  juega un papel fundamental a la hora de sacar adelante una figura deportiva, o igual me atrevería decir, un profesional.
La administración municipal se encarga del ornato de escenarios,  mantenimiento y servicios públicos, de la administración con empleados capacitados,  jueces, prensa y publicidad entre otros aditamentos para que se haga deporte.  En otras partes se concesiona o se entrega todo a asociaciones, fundaciones, organizaciones no gubernamentales que ejecutan estas tareas a nombre del estado; el estado descarga esa responsabilidad en entidades privadas que tratan de ejecutar las disciplinas deportivas como creen que debe ser sin importar si el deportista desayuna, almuerza o si sus padres pueden pagar las cuotas. Y que decir si no ha pagado la mensualidad. El niño no podrá jugar el partido de fútbol porque no está a paz y salvo.
El control sobre las posibles figuras no existe, existe un padre y una madre dispuestos a dar todo para que su retoño toque el cielo del pódium.  Los equipamientos, vestuarios,  traslados y viáticos para llevar a un menor a un  entrenamiento salen del bolsillo del padre, como los encuentros amistosos y los torneos oficiales de cada fin de semana. Estos presupuestos son escandalosos a la hora de sostener un deportista de alta competitividad y esto es lo que reclaman los deportistas. Eso por encima sin tratar los temas de deportistas que se forjan solos; paga arriendo, no trabajan, no tiene que comer ni ellos ni sus hijos.  La mendicidad es constante, y el estado ni se entera, solo se entera cuando el sonar del silbato da como campeón a un humilde que se ha forjado como el acero. La prensa le pone en primera plana con su foto y es cuando el gobernante se acuerda que estuvo en su casa en época de campaña política. No estoy diciendo que el estado no ponga, el estado sí que pone, pero para sentir el tricolor y llenar los pulmones  de aire y se ponga la piel como de gallina a la hora de escuchar el himno nacional, es como para concientizarse que el deporte y los grandes deportistas hay que hacerles seguimiento, evaluación y control desde su temprana edad, esa temprana edad que nos toca a todos los padres, esa en la que los gobernantes miran hacia el infinito.

Por:
      Alexander Muñoz

      Valencia Sp/agt. 22/2016

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