jueves, 28 de enero de 2016

EDITORIAL


SILENCIO

El silencio pesa. Y asfixia. Y hiere. Y aísla… El silencio se enreda entre las sombras para ir siempre pegado a los pies de quien lo sufre. El silencio engulle las respuestas y lo viste todo de negro. Hasta comerse las fuerzas. “No aguanto ir al colegio y no hay otra manera de no ir”, escribió Diego antes de saltar por la ventana. Once años. Y un silencio inmenso que no supo espantar. Los padres hicieron pública la carta porque temen que, con el tiempo, el mismo silencio que se llevó a Diego se trague también la verdad. ¿Sufrió Diego acoso escolar? ¿Sufrió mientras alguien vio, calló y consintió?
Se necesitan muchas voces para romper el silencio del acoso escolar. Las voces de los compañeros que saben, pero no se atreven a denunciar. De los profesores que intuyen, pero que no hacen todas las preguntas. De los directores que se resisten a poner el foco de la duda sobre su escuela. De los padres que no saben interpretar unas señales confusas, quizá incluso una intuición. De todos aquellos que aún frivolizan y encubren una amenaza real con un juego de niños. El acoso escolar se aúpa en el eterno estereotipo del dominio del más fuerte, de la sumisión del débil. Nada nuevo. Nada que no deba combatirse cada día. Nada que no cubra de vergüenza e impotencia a las víctimas. De un silencio tan pesado, tan oscuro, tan solitario como la muerte. H
*Periodista
TOMADO DIARIO MEDITERRANEO/http://www.elperiodicomediterraneo.com/noticias/opinion/silencio_973648.html?utm_source=noticias_diario&utm_medium=newsletter&utm_campaign=2016-01-28
ENERO 28 DE 2016

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